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Paz y Noviolencia

May 3, 2015
Paz y Noviolencia

Paz y Noviolencia

A principios del mes de abril empezó el mooc sobre Paz y Noviolencia en la plataforma MiriadaX, impartido por Carlos Eduardo Martinez, una persona realmente entrañable y con unas dotes didácticas y comunicativas de las que tomo nota para algunos de mis cursos y ponencias. A parte de esto, Carlos Eduardo es PhD en Filosofía con un largo currículo en estudio y formación sobre la paz y noviolencia en diferentes universidades de latinoamérica.

En relación a una de las actividades del curso, me sorprendió la conexión que se puede apreciar entre tres filosofías de vida, como son las de Jesús de Nazaret, Henry David Thoreau y León Tolstoi. A continuación os dejo una síntesis comparativa sobre los modos de lidiar las dificultades con el oponente, antagonista o rival que nos presenta cada corriente que emana de los tres diferentes pensadores.

La triada de autores seleccionados para éste módulo tienen por objetivo el hecho de ofrecer una respuesta opuesta a la comúnmente esperada en situaciones de adversidad, injusticia y oposición ideológica entre otros. Ahora bien, cada uno tiene una versión particular de aquello que se considera el agente precursor de mal, de la angustia, del sufrimiento; a la vez, también cada uno dispone de sus propios predicados para hacer frente a éste agente.

El primero de ellos, Jesus de Nazaret, personifica éste agente en el opuesto, en el antagonista; de esta forma, presenta una alternativa a la violencia como herramienta para disolver el conflicto: el amor. El amor es la herramienta que, en disposición de todo ser humano, se utiliza para hacer ver al antagonista que el binomio bien-mal se puede disolver simplemente con el desprendimiento de todo sentimiento, y por ende de toda acción, que intente imponer la voluntad de unos u otros por medio de la ley del más fuerte.

Sin embargo, nuestro segundo autor, Henry David Thoreau, en cierta conexión con el ideario de Jesús de Nazaret, insiste en dos hechos que hacen mella a la visión del amor como herramienta de cambio: el primero, confundir el amor con la sumisión, es decir, evitar la violencia complaciendo al opuesto, la cual cosa conlleva en gran medida a un abuso cada vez mayor por parte de éste último; el segundo hecho es el consentimiento voluntario del abuso, ya no por sumisión sino por miedo al castigo. Thoreau reclama enérgicamente la implicación de los pueblos a presionar a sus gobiernos para que éstos actúen en nombre de la paz, la igualdad y la prosperidad universal, más allá de responder con violencia a los desacuerdos que se puedan dar, tanto entre diferentes pueblos como en uno mismo.

Finalmente, León Tolstoi aglutina en cierta medida los idearios anteriores. Bajo la dirección del ideario romántico de Jesús de Nazaret y el manifiesto revolucionario de Thoreau, Tolstoi desconstruye la realidad social de la Rusia de su época para inferir que el Estado es un agente precursor de la violencia y que se rige más por sus propios intereses – es decir, por el interés de una élite minoritaria que ha secuestrado el poder que emana del pueblo -, que no por las verdaderas necesidades del trabajador, del campesino, del maestro de escuela, del vulgo en general. De ésta forma, Tolstoi resuelve que la mejor forma de luchar activamente contra la injusticia que esta institución desarrolla cada vez com más y más intensidad es, precisamente, no alimentarla; no participar en ella supone debilitarla, no ser cómplice de la barbarie. Sin pueblo que gobernar, no hay Estado que se sustente. Ésta forma de resistencia no-violenta basada principalmente en el principio de inanición, es decir, de no-consentimiento, y por ende, de no contribución, debilita al estado y pone de manifiesto la debilidad de éste.

En conclusión, la paz y la noviolencia son cuestiones que pueden ir de la mano, pero también ser antagónicas. Tal como hemos identificado anteriormente, no se ha de confundir la paz con la represión de las autenticas voces que guían nuestra vida por miedo al castigo, cosa que solo lleva a la frustración – que no deja de ser una forma de violencia – y al desasosiego. Por otra parte, la noviolencia no significa que no emprendamos ninguna acción, más bien al contrario, la noviolencia es una resistencia activa contra la adversidad, ya sea utilizando el amor para modificar los idearios de nuestro oponente, como resistir el llamamiento a la obediencia debida por la pertenencia a un grupo social, gobierno o estado. Ahora bien, paz y noviolencia son cuestiones plenamente compatibles, puesto que en una filosofía donde el amor es llamado a ser el principio y fin de todas las cosas y la noviolencia el eje director para no imponer por la fuerza nuestras creencias, opiniones o modos de hacer, constituye todo ello una realidad en que la harmonía y la realización personal tienen un porvenir muy prometedor.

 

 

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