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Internet de las Cosas

June 24, 2014
The Internet of Everything

The Internet of Everything

Imagínate un mundo donde cualquier objeto pueda ser identificado digitalmente. Cada objeto esta conectado a una red como Internet donde los mismos pueden ser gestionados y/o controlados por diferentes agentes, ya sean sociales, privados o gubernamentales.

El Internet de las Cosas (The Internet of Everything) ya es más que una idea en la mente de un grupo de personas. Actualmente ya existen dispositivos con geolocalización que nos indican donde están en caso de que los perdamos (y que aún disponga de batería).

El caso es que, desde una perspectiva más humanística, no me acaba de gustar demasiado la idea que por allá el año 2020 habrán cerca de 26.000 millones de dispositivos (sí, millones, no miles) conectados a la Internet de las Cosas según nos vaticina el informe de la consultora tecnológica Gartner (https://www.gartner.com/doc/2553315). Este hecho condiciona considerables cambios sociales, especialmente aquellos derivados de la importancia y trascendencia que tendrá para las sociedades el hecho de poder tener controlados todos los objetos tecnológicos a partir de aplicaciones móviles o web. No quiero ser fatalista pero siempre me han gustado mucho leer narrativa sobre distopías y una que me viene a la cabeza (con cierto temor, debo confesar) es 1984 de George Orwell. El motivo de esta forma de ver las cosas (o de presentirlas) es el hecho que cada vez más nuestras preocupaciones aumentan a medidas que la tecnología incorpora más funciones a nuestras vidas. Estamos pasando de ser esclavos de nuestras necesidades a ser esclavos (también) de las necesidades del móvil, del portátil, de las actualizaciones de las aplicaciones y, por tanto, nuestra esencia humana cada vez se va más y más abrumada por estar conectada a un mundo donde los objetos parecen tener vida propia. En este mundo, también hay espacio para que gobiernos y instituciones tanto públicas como privadas accedan cada vez más a nuestro espacio privado a través de estos objetos: que hacemos con ellos, cuando y para que los usamos, con que frecuencia y así un largo etcétera que contribuiría a crear una minería de datos para construir una sociedad más orientada a las necesidades de sus integrantes, teniendo también en cuenta el papel de los lobbies empresariales que aran todo lo que esté dentro de sus posibilidades para influir en que necesidades hay que invertir (las que generan rendimientos) y en cuales no hay que pensar (las necesidades más humanas).

No es fácil para mi imaginarme que un simple boligrafo este conectado a Internet a través de un módulo de radio de baja frecuencia, pero si debo reconocer que el hardware es cada día más y más barato, cosa que puede hacer posible que una línea de producción industrial sea capaz de incorporar módulos minúsculos de conexión al Internet de las Cosas y dejarlo listo para que en su primer uso el usuario final lo registre (o quizás lo registra en el momento de adquirido en una tienda – posiblemente online).

Algunas preguntas me vienen a la cabeza como por ejemplo que pasará si llegamos a atrevernos a poner chips a los bebés una vez nacidos para evitar confundirlos, perderlos o localizarlos es caso de secuestro, o cuando sea más mayor se de a la fuga de casa de sus padres o de algún restaurante sin pagar.

En resumen, de algún modo no me apasiona el rumbo a donde van las cosas. Quizás sea por la idea pre-concevida que tengo sobre mi tesis sobre el mundo de los objetos que vence al mundo de los sujetos, y esta fase de la humanidad en la que vivimos hoy en día me dice que estamos navegando rumbo a la consolidación de esa hegemonía.

2 Comments
  1. Espero que no lleguemos a lo del chip, pero realmente es preocupante. Cualquier aplicación te pregunta tu localización aunque en principio tú no sepas para qué puede serle necesaria. Gracias por tu entrada, muy de acuerdo!

  2. Muchas gracias por tu comentario Jugadora1. La verdad es que hay que reflexionar mucho sobre las posibles implicaciones que la tecnología puede llegar a tener en nuestro día a día. En los años 80 no creo que nadie fuese capaz de imaginar un dispositivo como el iPhone. Sin embargo, no por ello hemos de dejar de lado el hecho de considerar si la tecnología realmente se crea con la intención de ayudar y mejorar la vida del ser humano o si simplemente se ha convertido en una factoria de crear ‘juguetes’ para adultos (y no tan adultos). Yo personalmente creo que como humanidad estamos llegando a un punto de inflexión en el cual la ética y la responsabilidad se constituyen como un factor decisivo para no dejarnos llevar por la ilusión de poder crear cualquier cosa y controlarlo todo.

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